Coronavirus y sesgo de confirmación

Aparta esa evidencia incómoda de mi vista

375 palabras

Haciendo un ejercicio de pisuerguismo, aprovecho la puñetera pandemia mundial para hablar en este artículo sobre uno de los más maravillosos mecanismos de protección de nuestra identidad: el sesgo de confirmación.

Recordemos que los sesgos cognitivos son una manera de gestionar la información que recibimos de manera rápida, parcial e incompleta que puede conducir a la toma de decisiones y creación de opiniones de manera distorsionada y precipitada.

No importa si eres de izquierdas o de derechas (no me digas que eres de centro que eso no me lo creo, el centro no existe, si eres de centro eres de derechas, acéptalo y déjate de historias). Estamos en una pandemia mundial donde asistimos a los comentarios constantes de cuñados, capitanes a posteriori y de cisnes negros en toda regla; es decir: después de la guerra, todos somos generales.

Con esto quiero decir que, da igual tu ideología, me apuesto contigo lo que quieras a que todo lo que está ocurriendo durante esta pandemia no hace más que apuntalar y refrendar todas tus creencias previas. Este tuit de José C. Perales (@JCesarPL) lo resume a las mil maravillas:

Y así funciona el sesgo de confirmación. Buscamos la información que confirma nuestras creencias previas y le damos especial atención e importancia. Por el contrario, todo aquello que refute lo que pensamos, lo minimizamos, ignoramos o menospreciamos. Y atención, muy importante: da igual la calidad de la información que tengas delante: es más relevante la fuerza de nuestras creencias y prejuicios. Porque, atención spoiler: los seres humanos no somos tan racionales como nos gusta pensar.

Por ese motivo, cuando vemos una información que nos gusta, la compartimos inmediatamente sin pararnos a pensar si es un bulo o una pura falacia. Y tampoco importa si los datos que tenemos delante son incontestables: si no van en nuestra línea ideológica, los desechamos.

Y como demostración del sesgo de confirmación piensa lo siguiente: ¿conoces a alguien que haya cambiado de opinión durante la pandemia? ¿o todos aprovechamos esta situación para refrendar lo que ya pensábamos de antes?

Lo que se llama en términos científicos: arrimar el ascua a tu sardina.

Y sí, todos lo hacemos: sin excepción.

«Un fanático es alguien que tiene razón aunque no tenga razón».

Jaume Perich