Y los extraterrestres no vinieron

La disonancia cognitiva

399 palabras

¿Qué crees que ocurre cuando alguien tiene delante la evidencia de que está equivocado? ¿Cambia de opinión o la mantiene —e incluso la reafirma— a pesar de las evidencias incontestables?

Es una pregunta retórica, no hace falta que respondas.

Cuando nos formamos una opinión no la cambiamos ni borrachos. Y cuanto más afecta a nuestra propia imagen, más difícil es de cambiar. Da igual la evidencia que tengamos delante. La ignoramos para mantener nuestras convicciones.

Si no te lo crees aquí tienes un ejemplo real:

En los años 50, Dorothy Martin, era la líder de una secta que vaticinó, gracias a la comunicación directa que tenía con un extraterrestre, que el 21 de diciembre de 1954 llegaría un gran diluvio universal que exterminaría a la humanidad (excepto a los que se unieran a ella que serían rescatados en una nave espacial).

Esta mujer no era demasiado original.

Pero llegó la fecha y el diluvio no llegó, ni el fin de la humanidad, ni tampoco ninguna nave alienígena.

Y ahora te hago la misma pregunta de antes ¿qué crees que hicieron los acólitos de la secta? ¿Aceptaron el error y cambiaron de creencias?

Pues no. Incluso las reafirmaron aún más.

Esto se explica mediante la disonancia cognitiva: una sensación desagradable que tenemos cuando mantenemos dos ideas, opiniones o creencias que son contradictorias o psicológicamente inconsistentes.

Ante contradicciones entre comportamiento y pensamientos podemos cambiar la forma de actuar para que sea coherente con nuestras creencias, o seguir igual pero justificarnos para mantener la estabilidad y nuestra autoestima.

Antes muertos que admitir que estamos equivocados.

Esto explica por qué muchos defienden a los partidos políticos a los que votan aunque cometan todo tipo de tropelías. Porque aceptar que han votado a gentuza compromete su identidad y autoestima. Por eso escuchamos frases cuñadas del estilo: prefiero que me roben los míos.

Somos capaces de decir cualquier gilipollez antes de admitir un error. Y encima, cuanto más intentes convencer a alguien de un error, más probable es que se reafirme en su postura.

Ante la disonancia cognitiva podemos cambiar nuestra conducta, pero esto es muy difícil. Así que podemos hacer otro truco: acudir al sesgo de confirmación. Es decir, buscar aquella información que confirme nuestras creencias previas e ignorar la que no.

Hay gente que es capaz de cambiar de opinión si le presentan pruebas contundentes, el problema es que esa gente no existe.

Para mí es muy interesante que hombres perfectamente honestos, entusiastas de su trabajo, puedan engañarse a sí mismos por completo.

Irving Langmuir