Eratóstenes

Una sencilla observación

389 palabras

Cuando era niño creía que en el futuro habría humanos viviendo en la luna, que los coches volarían e incluso que habría alienígenas conviviendo entre nosotros. Lo que no imaginaba era que, iniciado ya el siglo XXI, ciertas fábulas, bulos y mitos, más propios de la Edad Media, tuvieran tanta prensa. Entre ellos la estupidez, porque no tiene otro nombre, de la “teoría” terraplanista (teoría va entre comillas porque no es una teoría ni es nada, es una chorrada).

Eratóstenes de Cirene nació en el 276 a.C. Fue matemático, astrónomo y geógrafo y llegó a ser director de la Biblioteca de Alejandría.

Tenía una gran curiosidad y una enorme capacidad de observación, así que un día se fijó en que en Siena, durante el solsticio de verano, el sol ocupaba una posición tan vertical que los objetos no proyectaban apenas sombra. No recordaba que esto ocurriera en Alejandría así que dedujo que, la única forma de que los cuerpos tuvieran diferentes ángulos de sombra con una única fuente de luz, era que la superficie sobre la que se encontraban fuera redonda.

A partir de ahí pudo calcular la circunferencia de la Tierra midiendo la distancia entre Alejandría y Siena y la diferencia entre los ángulos de las sombras que los cuerpos proyectaban en el suelo.

Es decir, hace veinte siglos, un ser humano que no contaba con sofisticada tecnología, satélites, naves espaciales, Google Earth ni nada parecido, a partir de la sencilla observación de las sombras en el suelo, no sólo dedujo que la Tierra es redonda sino que, además, midió con buena precisión su circunferencia.

Y aquí estamos, en pleno siglo XXI, perdiendo el tiempo miserablemente, cayendo en la trampa de pararnos en debates estúpidos que cuestionan hechos demostrados con una sencilla, pero brillante, observación por Eratóstenes de Cirene hace más de 2.000 años.

Hoy en día no hay humanos viviendo en la luna, no existen coches voladores, muchos creen que la Tierra es plana y los alienígenas han demostrado ser inteligentes y por eso no nos visitan ni viven entre nosotros. Y mucho cuidado si algún día lo intentan. Si ya somos racistas entre los propios seres humanos, imagínate con una especie alienígena que viniera del espacio exterior “a vivir de las paguitas”.

Inicios del siglo XXI y todavía no nos hemos extinguido. Toda una sorpresa.