La Tierra es plana

¿Por qué creemos en conspiraciones?

394 palabras

La Tierra es plana, nos gobiernan alienígenas reptilianos, nunca llegamos a la luna, nos rocían con estelas químicas, la luna es una nave alienígena espía y las vacunas provocan autismo.

«Teorías» conspirativas como estas hay miles y, a pesar de lo absurdas que son, tras ellas encontramos millones de personas convencidas de que los gobiernos del mundo nos las ocultan para manipularnos.

Evidentemente existe una gran diferencia entre teorías conspirativas de este estilo y las grandes conspiraciones de la historia que, con el paso del tiempo y la desclasificación de documentos oficiales, se ha comprobado que eran ciertas: experimentos mentales sobre población civil, golpes de estado orquestados, etc.

Sin embargo, y volviendo a las conspiraciones absurdas, veamos por qué hay tantas personas dispuestas a creérselas a pesar de cualquier evidencia, por incontestable que sea, que las desmientan.

Queremos creer que cuando algo ocurre es por un motivo y no por simple cuestión de azar. El hecho de creer en un gran conspirador moviendo los hilos nos ofrece un culpable y nos permite asumirlo mejor; en primer lugar porque existe una explicación racional alejada del simple azar, y en segundo lugar porque de este modo fabricamos “malvados”. Esto nos produce una ilusión de control —si dichos sucesos son producidos por seres perversos, podemos combatirlos— y, por otra parte, provoca una polarización entre buenos y malos que nos sitúa automáticamente en el lado correcto haciéndonos sentir “los buenos de la película”.

Así que una buena teoría de la conspiración nos ofrece una respuesta, una explicación que pone orden, que estructura el mundo. Por eso da igual que sea una absurdez, porque su objetivo no es encontrar la “verdad”, su objetivo es crear una estructura; porque no soportamos las preguntas sin respuesta y al final preferimos una mala respuesta que una inexistente.

Por cierto, mucho cuidado al combatir estos despropósitos porque suelen servir para que cada cual se reafirme más en sus ideas, por delirantes que sean. Esto es por el celebérrimo sesgo de confirmación que nos explica por qué aceptamos como verdadera información falaz y no contrastada siempre que ésta vaya en línea con nuestras creencias previas y, al mismo tiempo, cómo rechazamos alegremente datos contrastados si estos chocan con nuestras ideas. Por eso nos encantan los “ZASCAS”. Porque nos dicen que tenemos razón, nos reafirman en nuestras creencias y, al mismo tiempo, humillan al contrario.

Lo más importante que he aprendido sobre la teoría de la conspiración es que los teóricos de la conspiración creen en ella porque es más reconfortante. La verdad es que el mundo es caótico.

Alan Moore