La trampa de la felicidad

Si fracasas, te jodes

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La felicidad es el nuevo Dios, prueba de ello es su omnipresencia. Está en televisión, radio, redes sociales, libros, en el trabajo… Nos acompaña desde la mañana hasta la noche y, como los buenos desodorantes, no nos abandona en todo el día.

Es el ideal a perseguir a toda costa. Debemos ser felices, o fingirlo si no lo somos, para obtener validación social (un selfie en la playa, o comiendo con amigos, son maneras de fingirlo). La felicidad es una idea potente e imparable, ¿quién no desea ser feliz?

Esto lleva a la creencia de que la felicidad está al alcance de cualquiera, que depende únicamente de nuestra voluntad. No es cuestión de suerte, se trata de esfuerzo y empeño personal; el resultado de controlar nuestra fuerza interior y de desarrollar nuestro yo interior, ¡liberar nuestro auténtico potencial!

Quien alcanza la felicidad lo hace por méritos propios y gracias a sus valores personales. Triunfadores y perdedores son los únicos responsables de su propio éxito o fracaso, porque todos obtenemos lo que merecemos, al margen de factores sociales, económicos o del puro azar.

La búsqueda de la felicidad se apoya en la idea, reforzada por la propaganda mediática, de que el ascenso social funciona y que la vida es una especie de meritocracia donde el esfuerzo personal, el optimismo y la tenacidad, siempre son recompensados.

¿Quién puede estar en contra de esto?

Pero esto es una trampa mortal. ¿Qué pasa con quien no triunfa? si la felicidad es resultado de un esfuerzo personal, quien es infeliz, lo es por que no merece otra cosa. La trampa de la felicidad es atribuir al individuo la completa responsabilidad de la situación en la que está.

Esta es la gran trampa.

Las historias hablan de personas de éxito, supervivientes y triunfadores; pero nada dicen de quienes se esforzaron igual o más y cayeron en el camino.

La «ciencia» de la felicidad debería explicar a quienes creyeron fervientemente en sus postulados, que compraron sus libritos de autoayuda y que acudieron a sus charlas motivacionales, cómo es posible que, a pesar de haber luchado por sus sueños con toda su alma, no hayan alcanzado sus sueños.

Pero resulta que sí lo explica, y de manera sencilla: quien no triunfa es porque no ha hecho todo lo que está en su mano.

Si fracasas, es tu culpa.

Si fracasas, te jodes.

«En las colas del paro y las de la beneficencia hay tantas hormigas como cigarras, tantos optimistas habituales como depresivos crónicos».

Barbara Ehrenreich