La ilusión de control

Un anillo para gobernarlos a todos y atarlos en las tinieblas

377 palabras

Mi madre es capaz de controlarlo todo pero, excepto ella, el resto de los mortales debemos admitir que hay muchas cosas que se nos escapan.

Pocas sensaciones hay tan desagradables como la impotencia, como la falta absoluta de control; de estar en una balsa a la deriva y sin remos. Por eso, en algunas ocasiones, necesitamos pensar que tenemos algún control sobre aquello que nos afecta aunque, en realidad, no sea así.

La ilusión de control es la falsa creencia en que podemos controlar eventos que se producen por azar o en los que no tenemos ninguna capacidad de influencia.

Es más probable que se produzca la ilusión de control en eventos en los que existen elementos que sí podemos controlar como, por ejemplo, si en la lotería elegimos el número con el que queremos participar. Además, cuanta más familiaridad tengamos con el estímulo, mayor será nuestra percepción de control. Por ello, cuando jugamos a juegos de azar, preferimos aquellos juegos que conocemos.

La falta de control sobre eventos que afectan a nuestra vida produce incertidumbre y esto, a su vez, nos lleva a la ansiedad. La ansiedad se produce en nuestro organismo cuando detectamos alguna amenaza. Por tanto, la ilusión de control, es un mecanismo de autoengaño que activamos para reducir el nivel de incertidumbre: la amenaza que supondría asumir que hay acontecimientos que afectan a nuestra vida sobre los que no tenemos ningún control.

Por este motivo, la ilusión de control, es precursora del bienestar psicológico.

Sin embargo, también puede conducir a un exceso de seguridad y a asumir más riesgos de los que deberíamos facilitando caer en la ludopatía.

Las supersticiones, el uso de amuletos, entrar al campo de juego con el pie derecho, etc., son ejemplos de ilusión de control, actos encaminados a hacernos creer que tenemos un control que no tenemos.

Esta falsa percepción de control puede llevarnos a hacernos responsables de sucesos que no son en absoluto nuestra responsabilidad. Esto es muy peligroso porque podemos entrar en el terreno del “puedo lograr cualquier cosa que me proponga”. Y esto nos lleva a responsabilizarnos de hechos que son ajenos a nuestra voluntad.

No podemos controlarlo todo. Incluso el poderoso anillo de Sauron, no pudo evitar caer en las manos de un Hobbit. 

“…pero algo ocurrió al margen de la voluntad del anillo. Fue recogido por la criatura que menos cabía imaginar; por un Hobbit: Bilbo Bolsón, de la Comarca”.

Galadriel